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¿Apagón? No hay problema: Cómo los gasodomésticos garantizan tu comodidad y ahorro

Hasta que pasa, no se piensa demasiado en ello. Un corte de luz. De repente, todo se apaga. La calefacción deja de responder, la cocina no calienta y el agua caliente desaparece. En muchos hogares, el apagón convierte lo cotidiano en un problema.

Sin embargo, no en todos.

Hay viviendas donde, pese a la falta de electricidad, el día continúa con cierta normalidad. No por suerte. Por una decisión previa: contar con gasodomésticos.

El gas no depende de la red eléctrica

Los gasodomésticos funcionan con gas natural, butano o gas propano. Esa diferencia técnica permite que sigan operativos cuando la electricidad falla.

Una caldera de gas no necesita que la red eléctrica esté activa para generar calor. Lo mismo ocurre con muchos calentadores y cocinas. Algunos componentes usan electricidad mínima, pero el sistema no se detiene como ocurre con los equipos eléctricos puros.

Eso se nota, sobre todo, en invierno. El frío no espera a que vuelva la luz.

Continuidad real, no teórica

El suministro de gas en España está diseñado para ser constante. No depende de transformadores de barrio ni de picos de consumo eléctrico. Llega por red o mediante gas envasado, y sigue llegando incluso cuando hay incidencias eléctricas.

En la práctica, esto significa algo sencillo: el gas sigue ahí cuando otros servicios no.

Por eso muchas viviendas mantienen la calefacción encendida durante un apagón. O pueden cocinar sin cambiar rutinas. No es una ventaja espectacular. Es discreta. Y precisamente por eso resulta tan valiosa.

Confort que no se interrumpe

Cuando la luz se va, el confort suele irse con ella. Al menos en casas donde todo depende de enchufes.

Con los gasodomésticos, el impacto es distinto. El ambiente no se enfría de golpe. El agua caliente sigue saliendo del grifo. La cocina sigue siendo funcional.

No se trata de comparar tecnologías en abstracto. Se trata de cómo responde la vivienda cuando algo falla. En ese momento, la continuidad pesa más que cualquier otro argumento.

Gas frente a electricidad cuando hay un apagón

En hogares totalmente electrificados, el apagón es un paréntesis incómodo. Todo se detiene. No hay alternativas inmediatas. Hay que esperar.

En cambio, cuando el gas forma parte del sistema energético del hogar, la situación es distinta. No todo depende de la red eléctrica. Hay margen. Hay autonomía.

Además, el gas ofrece un coste más estable para usos térmicos. La calefacción a gas natural y las calderas de gas permiten un control más predecible del gasto, algo que muchos hogares valoran incluso sin pensar en apagones.

Ahorro que se construye con el uso diario

El ahorro del gas no suele ser espectacular de un mes para otro. Es acumulativo. Se nota con el tiempo.

Las calderas actuales ajustan su funcionamiento a la demanda real. No trabajan siempre al máximo. Consumen lo necesario. Eso reduce el gasto y también el desgaste del equipo.

Además, al no depender tanto de la electricidad, muchas viviendas pueden ajustar su potencia contratada. Ese pequeño cambio tiene un impacto constante en la factura eléctrica, mes tras mes.

Tipos de gasodomésticos que conviene conocer

No todos los gasodomésticos son iguales ni cumplen la misma función. Conocerlos ayuda a elegir el más adecuado para tu hogar y sacarles el máximo partido.

  • Calderas de gas: garantizan calefacción y agua caliente. Las de condensación son las más eficientes y reducen el consumo.
  • Calentadores individuales: ideales para baños o cocinas pequeñas. Su funcionamiento instantáneo evita desperdicios de energía.
  • Cocinas a gas: permiten cocinar de forma rápida y precisa, incluso cuando hay apagones.
  • Estufas y radiadores de gas: aportan calor inmediato en estancias puntuales sin necesidad de electricidad.

Cada uno de estos equipos tiene sus ventajas según la vivienda, el número de personas y la frecuencia de uso. Combinar varios sistemas puede optimizar tanto el confort como el gasto energético.

Consejos para maximizar eficiencia y ahorro

Tener gas en casa no garantiza por sí solo ahorro y confort. La clave está en cómo se utiliza y mantiene:

  • Mantén la temperatura de calefacción en niveles cómodos pero no excesivos. Cada grado extra aumenta el consumo.
  • Revisa periódicamente los equipos. Una caldera o estufa limpia y bien ajustada consume menos.
  • Ventila la casa sin dejar que el calor se escape demasiado tiempo. Es un equilibrio entre confort y eficiencia.
  • Considera sistemas modernos con control inteligente de temperatura. Adaptan la energía a tu rutina y reducen el desperdicio.

Estos pequeños hábitos multiplican la ventaja del gas frente a la electricidad en cortes de luz y también en el día a día.

Experiencias reales de continuidad en el hogar

En muchos hogares españoles, los apagones son una oportunidad para notar la diferencia. Familias con caldera de gas y cocina a gas siguen con su rutina habitual: los niños duchándose, la comida lista y el salón caliente.

Sin electricidad, los electrodomésticos eléctricos quedan inactivos, pero los sistemas a gas continúan operando.

Es un detalle que no siempre se percibe hasta que ocurre. Y cuando pasa, se valora más que cualquier argumento técnico: el gas sigue funcionando cuando la electricidad no.

Mantenimiento: la clave para que todo funcione cuando hace falta

Para que un gasodoméstico responda cuando se le necesita, debe estar en buen estado. No hay misterio.

Las revisiones periódicas permiten detectar pequeños desajustes, mejorar la combustión y asegurar que el equipo funcione de forma eficiente. También reducen riesgos y alargan la vida útil del sistema.

Un equipo revisado no da sorpresas. Y cuando hay un apagón, eso se agradece.

Elegir bien antes de instalar

No todas las viviendas necesitan lo mismo. El tipo de gas disponible, el tamaño de la casa y los hábitos de consumo influyen mucho.

Una instalación bien planteada evita problemas futuros. Ni equipos sobredimensionados ni sistemas que se quedan cortos. El equilibrio es lo que garantiza confort y ahorro a largo plazo.

Aquí es donde el asesoramiento profesional marca la diferencia.

Conclusión

Los gasodomésticos no prometen nada extraordinario. Simplemente cumplen. Y lo hacen incluso cuando la electricidad no está disponible.

Esa fiabilidad explica por qué el gas sigue siendo una opción sólida en muchos hogares españoles. No por nostalgia. Por experiencia.

Si quieres mejorar el confort de tu vivienda, reducir tu dependencia eléctrica o asegurar la continuidad energética de tu hogar, en Gases GHM encontrarás soluciones adaptadas a tu situación real.

Contáctanos ahora mismo y descubre cómo el gas puede seguir trabajando por ti incluso cuando la luz se apaga. A veces, la mejor decisión es la que no se nota… hasta que hace falta.

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Guía para elegir tu estufa de butano: catalítica, llama azul o infrarrojos

Guía para elegir tu estufa de butano: catalítica, llama azul o infrarrojos

Cuando bajan las temperaturas, muchas casas vuelven a tirar de soluciones conocidas. La estufa de butano es una de ellas. No necesita obra, no depende de una instalación fija y permite calentar una estancia concreta sin disparar el consumo general del hogar.

El problema aparece en el momento de elegir el tipo. Catalítica, llama azul, infrarrojos. Los nombres se repiten en tiendas y catálogos, pero pocas veces se explica qué cambia realmente en el uso diario. Y ahí es donde suelen venir las dudas.

Esta guía no pretende venderte un modelo concreto. La idea es que entiendas cómo se comporta cada tipo de estufa en situaciones reales, para que elijas con criterio y sin sorpresas cuando empiece el frío de verdad.

El gas butano y su papel en la calefacción doméstica

Antes de entrar en modelos, conviene situar el contexto. El butano sigue siendo una opción habitual en muchas viviendas, sobre todo en pisos sin calefacción central, casas de pueblo, segundas residencias o zonas donde se busca una solución flexible.

Su ventaja principal es la autonomía. Con una bombona estándar puedes calentar una estancia durante varias horas sin depender de tarifas eléctricas ni instalaciones complejas. Además, los sistemas actuales incorporan medidas de seguridad que hace años no existían.

Ahora bien, el rendimiento final no depende solo del gas, sino de cómo se transforma ese gas en calor. Y ahí es donde entran en juego los distintos tipos de estufas.

Estufas catalíticas: calor que acompaña, no que golpea

La estufa catalítica suele gustar a quien busca un calor constante, sin cambios bruscos. No hay llama visible. El gas se quema sobre un panel cerámico que va liberando calor poco a poco.

En una casa donde se pasa la tarde en el salón, leyendo o viendo la tele, este tipo de estufa suele encajar bien. No abruma al encenderla ni genera corrientes de aire molestas. Simplemente va templando el ambiente.

Otro detalle que muchos valoran es la sensación de seguridad. Al no haber llama directa, se reduce el riesgo si alguien se acerca demasiado sin darse cuenta. No significa que sea un juguete, pero sí resulta más “amable” en el uso diario.

Como contrapartida, no es la más rápida. Si llegas a casa con la estancia helada, necesitarás paciencia los primeros minutos. Está pensada para mantener, no para reaccionar de inmediato.

Estufas de llama azul: cuando el espacio es grande

La llama azul es otra historia. Aquí sí hay combustión visible, aunque muy controlada. El sistema aprovecha mejor la mezcla de gas y aire, lo que se traduce en mayor potencia térmica.

Este tipo de estufa se nota especialmente en espacios amplios. Salones grandes, techos altos o estancias donde una catalítica se queda corta. Enciendes y, en poco tiempo, el ambiente cambia.

Muchas personas las eligen para segundas residencias. Llegas un viernes por la tarde, la casa está fría y quieres sentir calor cuanto antes. En ese contexto, la llama azul responde mejor.

Eso sí, pide un poco más de atención. Ventilar correctamente no es negociable. No es complicado, pero hay que tenerlo en cuenta para un uso cómodo y seguro.

Estufas infrarrojas: calor directo, muy localizado

Las estufas infrarrojas no intentan calentar toda la habitación. Van a lo suyo. Emiten calor directo hacia delante, como si fuera el sol en invierno.

Por eso funcionan bien en situaciones concretas. Un taller, una terraza cerrada, un rincón donde pasas un rato corto. Te colocas delante y el calor se nota casi al instante.

No son la mejor opción para un salón completo ni para largas horas de uso continuo. Ahí el consumo no compensa y el confort se queda a medias. Pero para usos puntuales, cumplen perfectamente.

Es el tipo de estufa que muchos tienen como complemento, no como sistema principal.

Diferencias claras entre los tres tipos

Para verlo de forma sencilla, estas son las diferencias más relevantes en el uso diario:

Catalítica

  • Calor progresivo
  • Sensación térmica uniforme
  • Pensada para largas estancias

Llama azul

  • Respuesta rápida
  • Mayor potencia
  • Adecuada para espacios grandes

Infrarrojos

  • Calor inmediato
  • Zona concreta
  • Uso puntual

No se trata de cuál es mejor, sino de cuál encaja con tu rutina.

Aspectos que conviene pensar antes de decidir

Más allá del tipo de estufa, hay detalles prácticos que marcan la diferencia con el paso del tiempo.

  • El tamaño real de la estancia es uno. No solo los metros cuadrados, también si es una habitación interior o exterior, si tiene buen aislamiento o si el techo es alto.
  • La ventilación es otro punto clave. Todas las estufas de butano necesitan renovación de aire. Un pequeño gesto, como dejar una rendija abierta, mejora tanto la seguridad como el rendimiento.
  • También conviene fijarse en el consumo por hora. Dos estufas parecidas pueden ofrecer autonomías muy distintas con la misma bombona.
  • Y, por último, el proveedor. Tener cerca un servicio que te asesore, te suministre el gas y resuelva dudas se nota cuando llega el invierno y no quieres improvisar.

Elegir bien se nota en el día a día

Una estufa bien elegida no da problemas. Calienta cuando tiene que calentar y no obliga a estar pendiente de ella todo el tiempo.

Si buscas confort prolongado, la catalítica suele ser una apuesta tranquila. Si necesitas potencia y rapidez, la llama azul responde mejor. Y si lo que quieres es calor puntual, la infrarroja cumple sin complicaciones.

Lo importante es no dejarse llevar solo por el precio o por lo que “tiene todo el mundo”. Cada casa y cada uso son distintos.

Conclusión

El gas butano sigue siendo una solución eficaz para muchas viviendas en España. Flexible, accesible y fácil de adaptar a distintas necesidades.

Elegir la estufa adecuada no es un detalle menor. Marca la diferencia entre pasar el invierno cómodo o estar siempre ajustando, moviendo o apagando.

Con información clara y un poco de reflexión previa, el acierto es mucho más probable.

Confía en un servicio cercano y especializado. En Gases GHM te ayudamos a encontrar la estufa de butano que mejor encaja con tu hogar y tu forma de vivir el invierno. Somos servicio oficial Repsol y trabajamos con asesoramiento real, sin prisas ni soluciones genéricas.

Contáctanos y prepárate para disfrutar del calor en la comodidad de tu hogar con tranquilidad, seguridad y confianza.

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¿Qué pasa si no hago la revisión del gas?

La empresa que suministra el gas puede suspender el servicio de gas al cliente por no cumplir con la normativa.

Por otro lado, en el caso de que se produjera alguna incidencia de gas, ni la empresa suministradora ni el seguro se hacen responsables de los daños causados.

Por lo tanto, la revisión de la instalación del gas es obligatoria tenerla siempre en vigor, ya que sirve para garantizar que la instalación funciona correctamente y que, por tanto dispone del nivel de seguridad adecuado para utilizar gas butano y se pasa cada 5 años.

En la revisión del gas se revisa el funcionamiento y la estanqueidad del contador, las tuberías, las llaves y gomas y el estado de conservación, obteniendo el certificado de revisión.